sábado, 14 de junio de 2014

Patrimonio agrario de Málaga (I): Una rentable oportunidad turística sin explotar

Los campos de la provincia de Málaga están llenos de edificios que en un pasado tenían actividad ligada a la ganadería y la agricultura. Se trata de cortijos, haciendas, y lagares salpicados por el territorio malagueño, antiguos edificios que anteriormente tenían una función muy concreta y práctica, adecentados y mantenidos durante siglos por sus dueños mediante el cuidado de sus cubiertas y sucesivos encalados, pero que hoy, abandonados a su suerte y expoliados, cuentan sus últimos días antes de desaparecer del todo y con ellos su (nuestra) historia, costumbres, nuestras raíces y en definitiva nuestra identidad.


Una extensa cantidad de valiosos inmuebles aguardan sus últimos días
No hay que irse muy lejos,ya que cerca de la capital tenemos los Montes de Málaga, divididos de forma natural por el río Guadalmedina en la zona del Parque Natural, y en la zona opuesta, la conocida como Verdiales. Más arriba, ya fuera del término municipal de Málaga está la comarca histórica de Campos de Cámara, que abarca varios municipios de la provincia. Toda la zona mencionada constituye por si sola una exuberante colección de arquitectura agraria, que incluye yacimientos y restos arqueológicos propios de un territorio que ya tenía su importancia en época Nazarí.
Campo de Cámara (Fuente)
El patrimonio histórico rural malagueño, nuestro patrimonio, esta desapareciendo aceleradamente mientras administraciones desentendidas y dueños desinteresados o, en el mejor de los casos, desconocedores de las posibilidades, no hacen nada por remediarlo. Pero el panorama no es totalmente desesperanzador, ya que existen medios de salvar este patrimonio, recuperar costumbres y tradiciones y a la vez sacar rentabilidad de todo ello, que al final es lo importante.

La situación es inigualable. A escasos kilómetros esta una de las ciudades mas activas de España, y uno de los
aeropuertos más importante en flujo turístico.

El potencial del patrimonio histórico rural

Se dice que Málaga vive de espaldas a los Montes y a toda la provincia, obviando el potencial que posee, obcecada en el turismo de sol y playa.  Se hace necesario un viraje para conseguir otro rumbo donde se imponga el turismo de calidad, y este cambio necesita de una convivencia en simbiosis y mutualismo con el patrimonio. Destinar estos lugares a turismo etnológico seria un gran paso en ese camino, dando solución a varios problemas a la vez como son la recuperación del patrimonio, tradiciones y costumbres, al mismo tiempo que se rentabilizaría la actividad, que al fin y al cabo es de lo que se trata.

Los primeros pasos irían encaminados a recuperar la actividad vitivinícola que se perdió en su día para convertir la zona en referente del enoturismo. Es un hecho que de los Montes de Málaga se elaboraba un vino de excelente calidad, tan famoso que se vendía en todo el Imperio Británico con la denominación de "Malaga Mountain" previo añejamiento en la ciudad de Málaga. El clima y las extraordinarias condiciones del terreno son los responsables de ello. En mis visitas por la zona observo que cada vez más gente se anima a recuperar el cultivo de uva, aunque sea para consumo propio, por lo tanto, no sería un disparate recuperar la producción de vino en esta comarca, creando un marco de actuación donde se ayude al pequeño productor en detrimento de las grandes empresas monopolizadoras del mercado, con caldos de inferior calidad.

Pequeños viñedos

Esto iría acompañado del establecimiento de una red orientada hacia la otra actividad rentable, el turismo, que abarque unas zonas en concreto, como por ejemplo los Montes y Campo de Cámara, constituida por conexiones o núcleos donde se ejerzan actividades conjuntas, o dedicándose a alguna en concreto, ya sea de producción, actividad divulgadora o museística, alojamiento o simplemente como vivienda de las personas implicadas en el negocio. Estos núcleos estarían interconexionados entre ellos, funcionando de manera coordinada para ofrecer un servicio de turismo etnológico completo, llegando a crear rutas dedicadas a una actividad especifica (ruta del vino, de la pasa, del aceite...). Lógicamente, estos puntos los conformarían los antiguos inmuebles, dotándoles de funcionalidad y vida.

Diferentes tipos de vino de Málaga, y sello antiguo de
barril de vino.
La recuperación de los edificios se antoja algo más complicada, pero hay que tener en cuenta que el auge en torno a la construcción tradicional, bioclimática y sostenible, hace este patrimonio propicio para poner en práctica cursos y talleres donde se intervengan estos inmuebles mientras se enseñe y se recicle tanto a técnicos como albañiles en las artes de la rehabilitación y conservación de arquitectura tradicional, sinónimo de sostenibilidad, bioconstrucción, y bioclimática.
Hoy día es fácil añadirle la etiqueta de "sostenible"a cualquier proyecto, empresa, o acción que se acompañe de una imagen de cuidado diseño con tonalidades verdes para rellenar el vacío de contenido. Sin embargo, para empezar a hablar de construcción sostenible primero hay que entender y analizar la arquitectura vernácula, (la que nos ocupa) base y esencia de la eficiencia y la sostenibilidad, donde encontramos la utilización de materiales respetuosos con el entorno mediante técnicas que aprovechan al máximo sus cualidades gastando los menos recursos posibles.

Ejemplo de curso-taller organizado en patrimonio rural. A la misma vez que se enseña, se repara el inmueble
(La imágenes pertenecen a Asociación Estepa)


La actitud de las Administraciones Públicas

En cuanto a las Administraciones, en el caso del Ayuntamiento de Málaga, se desentiende totalmente mientras está más ocupado en otros menesteres como el de franquiciar la ciudad y alagar a jeques. La Junta de Andalucía por su parte no se limita a desentenderse, si no que empeora la situación al crear legislaciones incompatibles con la recuperación de estos espacios rurales.

Así ocurre con la Ley del Suelo de 2013. Cuando un edificio ubicado en terreno rural es declarado en ruina, la Administración no permite su recuperación, ya que sería una edificación ilegal. Sin duda es una medida generalista adoptada ante la multitud de viviendas ilegales que han proliferado en el campo, pero que ayuda a arrasar con el patrimonio rural andaluz, ya que muchos de los inmuebles se encuentran en ruina, (lo cual no es incompatible con su recuperación).

Otro gran problema es la especulación urbanística a la que está sometida gran parte de estos terrenos, adquiridos por sociedades a la espera de que cambien a la categoría de urbanizables. Mientras, el patrimonio existente en esas extensas propiedades queda abandonado a su suerte, ante la vista gorda de las Administraciones.

Ante la actitud de las administraciones competentes, hay que evitar las acciones individuales al más estilo quijotesco, que requieren mucha energía y por norma general dan pocos frutos, creando por el contrario asociaciones y grupos de intereses comunes, donde se aúnen sinergias y se haga frente común para luchar por conseguir apoyos y la adopción de medidas que beneficien una actividad  tan favorable y fructuosa como ésta.

Bella estampa en las cercanías del arroyo Cauche,
con olivos milenarios como protagonistas

Referentes

A un nivel conocido en toda España y salvando las distancias, tenemos el caso de La Rioja. Ellos, al contrario que nosotros no tienen playa y han sabido adaptarse a la adversidad potenciando y divulgando su actividad vitivinícola, pasando a ser el destino por excelencia del enoturismo.

En la misma provincia de Málaga, podemos encontrar casos ejemplares que van a contracorriente de la tónica habitual, conservando el patrimonio a la vez que saca rentabilidad por su actividad, huyendo de la cultura del pelotazo y dinero fácil que nos rodea.

Este es el caso del Molino del Hortelano, una empresa aceitera que ha rehabilitado un antiguo lagar logrando congeniar la actividad agrícola con el turismo etnológico de una forma  brillante. A pesar de contar con más dificultades que ayudas, han logrado crear una atracción turística reclamada por muchas personas, la mayoría extranjeras.

Un gran trabajo ha hecho posible rehabilitar
un antiguo lagar. Muchas veces las
ganas son más importantes que el dinero.


El lagar sirve como museo y centro de divulgación de las
antiguas costumbres y tradiciones en torno al vino.

El Cortijo Juan Salvador también es un ejemplo de impulso al turismo en la comarca a la vez que se recupera patrimonio rural, al igual que el hotel Humaina.

Otros movimientos esperanzadores es la asociación EmproQ'amara formada por empresarios de la zona de Campo de Cámara, con el objetivo de revitalizar y servir de estimulo a nuevos empresarios. El perfil de estos empresarios va ligado a la alimentación, aunque también existen enfoques hacia el turismo y la hostelería. Este sería un buen ejemplo del camino a seguir.

Miembros de la asociación en la presentación en el Ateneo
(Fuente: La Opinión)
Fuera de nuestras fronteras podemos utilizar como referente la inigualable región de la Toscana. Se trata de una zona mayoritariamente de hábitat rural, donde se realizan actividades empresariales de producción agraria, a la vez que aprovechan la belleza rural y arquitectónica para rentabilizar la actividad con el turismo etnológico.
En la Toscana la actividad está regulada, se protege el patrimonio y el paisaje mediante un abanico de normativas bien estudiadas y permisivas. Esto puede servir, no digo ya como referente, si no para copiarlo directamente por los responsables de la Junta de Andalucía, y aplicarlo en nuestra tierra. Pero eso significa velar por los intereses de los andaluces, y cuidar el patrimonio, demasiado esfuerzo para una administración acostumbrada a la vía fácil.

Paisajes de la Toscana, una posibilidad   realizable en Andalucía. (Fuente)

Aunque mencionaba al principio la producción de vino, el Molino del Hortelano demuestra que no se tiene porqué encorsetar la actividad, ya que el turismo etnológico se puede extrapolar a otras producciones malagueñas, como el aceite, los derivados de la cabra o incluso la fabulosa miel.

Muchos particulares, al ver este buen hacer empiezan a animarse a hacer algo similar con sus ociosos y desvencijados edificios, pudiendo ser éste el comienzo de un potencial turístico para Málaga.

Por último, una oferta turística imaginaria que bien podría ser real, sin nada que envidiar a referentes del enoturismo, con una puesta en valor del lugar, donde se utilizan antiguos inmuebles como alojamiento, lagares rehabilitados como museos y centros de divulgación, y actividades que rentabilizan la zona con una doble vertiente de negocio, la producción alimentaria y el turismo.